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sábado, 20 de enero de 2018

La práctica de enfermería desde el Interaccionismo Simbólico

Por: Zaida Colmenares
Desde el paradigma interpretativo, se sitúa el Interaccionismo simbólico, es una de las corrientes de pensamiento microsociológico, relacionada también con la antropología y la psicología social, que se basa en la comprensión de la sociedad a través de la comunicación y que ha influido enormemente en los estudios sobre los medios de comunicación. Los principales autores del Interaccionismo simbólico son Herbert Blumer (1968, 1982), George Herbert Mead (1934, 1968), Charles Horton Cooley (1962) y Erving Goffman (1959). Todos ellos compartieron el interés de analizar a la sociedad en términos de interacciones sociales. Según refiere Ritzer en su obra sobre Teoría de sociología clásica (2001), el interaccionismo simbólico se basa en la importancia que tiene para el individuo el significado de las cosas; este significado es lo que determina la acción, lo que hace que las personas respondan de una manera u otra. El significado es un producto social, surge de la interacción social, accediendo a él, manipulándolo a través de procesos de interpretación. Interpretación que realiza el sujeto con el mismo, formulándose indicaciones y respondiéndose a las mismas; a partir de ahí, el individuo se relaciona con el entorno.
Desde esta teoría, el cuidar se torna una acción interactiva basada en significados, conocimientos y valores del receptor de los cuidados. Según George Mead (1968), cuando los profesionales de la enfermería establecemos una interacción con el paciente, se pueden constituir dos niveles de relación; si el paciente responde al acto sin interpretarlo, de manera autómata o si por el contrario, antes de reaccionar, el paciente tiene un acto de interacción con el mismo, y en función de sus valores y creencias interpreta la acción e interacciona; de esta manera existiría una interacción simbólica entre el paciente y su proveedor de cuidados. El paciente cuando conversa con el mismo, denominado por Goffman (1959) como el self, o el yo, se plantea cuáles son las causas que guían sus actos, identificando las cosas que para él, tienen significado. Esta interacción con el propio sujeto finaliza cuando selecciona, verifica, elimina, reagrupa y transforma los significados a tenor de la situación y posición en la que él se encuentra.
Sin embargo, George Mead (1968), el significado consta de símbolos y gestos, siendo los gestos los que encierran el significado, de manera que el paciente cuando responde ante su cuidador, organiza su respuesta en función de los mismos. Para asegurarnos que la relación enfermera-paciente sea eficaz y exitosa, debemos trabajar por la unión de los significados entre las partes, para ello es necesario que las partes implicadas asuman necesariamente el rol de cada uno y sean capaces de ponerse en el lugar del otro. A través de este proceso, el proveedor de salud conseguirá que sus intervenciones encajen en las ajenas, a la vez que se está forjando su propia conducta individual.
Otro de los conceptos relevantes con los que la enfermería se ha nutrido del Interaccionismo simbólico es que la sociedad se compone de personas involucradas en la acción, y que estas interacciones que forman la acción forman a su vez el comportamiento humano, en la relación enfermero-paciente, debemos lograr que las líneas de acción de los pacientes encajen de alguna manera con las intervenciones enfermeras; para asegurarnos el éxito, los profesionales de la enfermería debemos incorporar en nuestra valoración con los pacientes la importancia de las historias personales, la biografía del individuo y del grupo utilizada para interpretar a través de los patrones de conocimiento propios de la práctica de enfermería y comprender ciertos hechos o fenómenos a través de la narrativas de enfermería. Siempre debemos tener en cuenta, que el ejercicio del cuidar no se realiza bajo estándares, debemos identificar las diferencias, valorar cada persona como ella misma, en su momento, con sus significados, significados a nivel micro (biografía) y a nivel macro (cultura).
Las características de la práctica de enfermería, teniendo en cuenta el cuidado como práctica social ancestral, convierte al enfermero (a) en actor social que interacciona con el hombre y el mundo que le rodea. En este sentido, Ibarra & Siles (2006), realizan una revisión sistemática con el objetivo de dar un sentido epistemológico al cuidado enfermero, centrando su análisis en el interaccionismo simbólico de Herbert Blumer, considerando la vida humana principalmente como un extraordinario proceso interpretativo en el que las personas, individual y colectivamente, se guían mediante la definición de los objetos, eventos  y situaciones en que se encuentran, interactuando el plano fisiológico (sentidos) con el intelectivo e histórico (conocimientos y experiencias previas). Siles (2006. p.26) concluye este estudio refiriendo “Quienes reciben los cuidados de enfermería son individuos que luchan constantemente para “dar un sentido” al mundo que les rodea. Sin embargo difieren uno de otro en la forma en que dan sentido a los acontecimientos que les afectan. El profesional de enfermería no sólo debe contribuir en el tratamiento de estas enfermedades, sino ayudar a que la persona conviva con ella en total coherencia con el mundo..
De lo anterior, tejiendo y destejiendo este entramado de significados que se ha descrito en la relación interpersonal con el paciente y el proveedor de cuidados, en el propio ejercicio del cuidar, podríamos plantearnos dos niveles de significado. En el nivel micro, el cuidado informal, que presta la familia o las cuidadoras remuneradas en el propio domicilio, donde prevalecen las dinámicas de la familia y los sistemas de cuidados biográficos y el nivel macro o profesional, donde imperan las estructuras establecidas por el sistema de salud. Estos cuidados se pueden prestar en centros hospitalarios o de atención primaria o bien en el domicilio, pero basado en reglas y pautas instauradas por otros.
 En este sentido, lo que impera también es el factor cultural, la cultura en los centros de salud, enmarcada en ese sistema de referencia. Siguiendo esta línea conceptual entendemos que el significado y la interacción social son de suma importancia para establecer una relación terapéutica con el paciente, pero no son los únicos elementos a analizar en el ejercicio de cuidar. Saber lo que necesita el paciente, y el porqué de sus prioridades y significados, sería el éxito de cualquier intervención con el paciente. Algunos modelos explicativos sobre esta relación entre necesidades y padecimientos han tenido su origen en las ciencias sociales, basándose en la premisa de la construcción social de la realidad. Por ejemplo, desde la perspectiva de Bourdieu, se considera que todo sujeto dispone de una serie de condicionantes existenciales de tipo social, económico y cultural que generan un esquema o estructura –habitus- de prácticas y representaciones que utilizará para organizar sus acciones y dar respuesta a la enfermedad (Hueso, 2006) Bourdieu (1991) propone nuevos espacios para el diálogo mediante la comprensión de los conceptos habitus, campo y capital, designando entre ellos un entramado de relaciones que nos permite entender la lógica de la práctica de los agentes, de salud en nuestro caso, la práctica de enfermería,  o de cualquier esfera de la vida social.

El habitus se va incorporando, en relación a cómo ser enfermera, en su comunicación verbal o no, en sus gestos, en su mirada, son detalles aparentemente sin importancia que no pasan por la conciencia del profesional. Es un sistema de disposiciones de estructuras sociales internas mediante las cuales percibimos, juzgamos y actuamos en nuestro trabajo. El capital, según el autor, designa recursos y bienes de toda naturaleza que sirven y utilizan los individuos y los grupos; no es una cuestión económica cuando se habla de capital, sino se hace referencia a capital cultural, social y simbólico; el saber cultural que los proveedores de salud poseen sobre las formas en las que las personas viven, las percepciones de la enfermedad, las experiencias vividas en torno a la profesión, como los pacientes responden a los tratamientos… este es el capital, y la enfermera lo utiliza para centrarse en una atención integral. El campo es entendido como el mundo de las relaciones, son las estructuras sociales externas que se han construido en dinámicas históricas, así que al pensar en el campo de la enfermería ser pensaría en el mundo de relaciones, de intereses compartidos entre el personal de salud y las instituciones (hospital, centro de salud, domicilio). La posición que cada profesional ocupa en su campo y los diferentes intereses son por sí mismo generadores de poder. Como refiere (Acebedo-Urdiales, Jiménez Herrera, Rodero-Sánchez y Vives-Relats, 2011) en la posición que los agentes de salud ocupen en este espacio complejo, se puede comprender la lógica de sus prácticas y determinar cómo se clasificarán. El campo es dinámico, está en cambio permanente. Esta perspectiva de las prácticas de salud, incluye el reconocimiento de la cultura, de las tradiciones en un determinado campo, las relaciones de poder presentes – cuestiones de género, etc...-, y las formas en como son experimentadas van configurando los distintos roles profesionales de los proveedores de cuidados y cómo se posicionan ante el cuidado del otro. Madeleine Leininger (1970) introduce el término cultura, y se evidencia la estrecha relación entre antropología y cuidados de enfermería, lo que facilita la utilización del método etnográfico para abordar e ilustrar situaciones de cuidados, permite captar como se estructura una situación sociocultural y extraer lazos de significación que deben descodificarse para que los cuidados sean apropiados. Recurrir a los conocimientos antropológicos permite hallar la dimensión simbólica: (Interaccionismo simbolico) de los cuidados, y conseguir así orientar el proyecto de cuidados basado en la evidencia.
REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS
Bourdieu, Pierre (2004) Esquisse pour une auto-analyse: 109. Raisons d’agir.
Charles Horton Cooley (1962) Social organization. A Study of the Larger Mind, Shoken Books, Nova York.
George Herbert Mead (1934, 1968), Mind, Self, and Society. From the Standpoint of a Social Behaviorist, Xicago. (Traducció al castellà: Espíritu, persona y sociedad. Desde el punto de vista del conductismo social, Paidós, Barcelona, 1968).
Erving Goffman (1959) The presentation of self in everyday life, Doubleday, Nova York. (Traducció al castellà: La presentación de la persona en la vida cotidiana, Amorrortu, Buenos Aires, 1972)
Hueso Montoro, C. (2006). El padecimiento ante la enfermedad: Un enfoque desde la teoría de la representación social. Index de Enfermería, 15(55), 49-53.
Herbert Blumer (1968, 1982), El interaccionismo simbólico: perspectiva y método. Barcelona, Hora.
Ibarra Mendoza, X. (2008). El interaccionismo simbólico y los cuidados de enfermoscrónicos en el ámbito comunitario. Cultura de los cuidado, año XII, 2º semestre
2008, nº 24, 94-106.

Ibarra Mendoza, X., & Siles González, J. (2006). Rol de enfermo crónico: una1968reflexión crítica desde la perspectiva de los cuidados enfermeros. Cultura de los
cuidados, año X, nº 20, 2º semestre 2006, 129-135.
Mead (1968) G. H. (1934) Mind, Self, and Society. From the Standpoint of a Social Behaviorist, Xicago. (Traducció al castellà: Espíritu, persona y sociedad. Desde el punto de vista del conductismo social, Paidós, Barcelona, 
Ritzer G.(2001). Teoría sociológica clásica. McGraw-Hill.
 Autor: Zaida Colmenares – Doctor e Investigador del Observatorio Nacional de Ciencia y Tecnología de Venezuela. Universidad de Carabobo. zcolmena@uc.ed

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